
Gustav Mahler (1911)
La creación musical de Gustav Mahler (1860 – 1911) llegó a ser, cién años después de su muerte, de las piezas más frecuentemente interpretadas, grabadas y, al mismo tiempo, solicitadas por el público, del repertorio mundial de conciertos. Así se cumplió, increíblemente, su propia visión “Meine Zeit wird kommen” (Mi época aún está por llegar), que a principios del siglo XX sonó como una sentencia exageradamente soberbia del autor que, con sus pretensiones de director de orquesta y con su perfeccionismo, chocaba contra los estereotipos entablados de interpretación y cierto nivel de pereza, y con sus composiciones acercaba una música que provocaba e irritaba, pero, al mismo tiempo, provocaba una euforia increíble. También es interesante que a la herencia musical de Mahler se refieran en el siglo XX desde las tendencias antagónicas clasificadas como la corriente, la así llamada vanguardia hasta, al mismo tiempo, los denominados clásicos del siglo XX. Tanto la Segunda Escuela de Viena (al fin y al cabo, el mismo Arnold Schönberg se refirió a Mahler como hombre santo), como Dmitri Shostacóvich, Benjamin Britten y al final hasta Krzsystof Penderecki simpatizaron con la herencia creativa de este autor que nació y pasó los primeros quince años de su vida en territorio de la República Checa. Gustav Mahler es el gran representante de la creación artística, así como de la comunicación y mensaje filosófico „sui generis“, del arte que se afana, en el límite de dos grandes épocas históricas, en proporcionar los grandes ideales humanistas y los valores que sustituyan las seguridades religiosas de hasta entonces, en el mundo secularizado. La modernidad, actualidad y atracción de su música se basa en la unión original de elementos muy heterogéneos. Si quisiéramos parafrasear a Paul Stefan, autor de una de las primeras monografías sobre Gustav Mahler, entonces, realmente, “La música de Mahler empieza en la calle y termina en la infinidad…”. El núcleo principal de la entonación de la textura musical de Mahler es el género de una canción, un fragmento melodioso, un aria. Lo que Mahler escuchaba en su alrededor, durante su infancia, y lo que era característico para su patria – Imperio Austro–Húngaro. El abigarrado imperio multinacional, multiconfesional y multicultural que iba paulatinamente desmoronándose. Con dicho hecho está vinculada la nostalgia, la preocupación por el destino del gran arte y del intelectual en este mundo moderno industrializado y enajenado, (los mismos sentimientos expresa Franz Kafka, contemporáneo más jóven de Mahler, y también compatriota de Bohemia), esto son también impresiones que el público reconoce en las obras de Gustav Mahler. Y por eso es tan actual la creación de este compositor, no solamente por sus medios expresivo–musicales, sino, sobre todo, por su contenido que refleja varios grandes interrogantes de nuestra contemporaneidad.
PhDr. Jiří Štilec
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